sábado, 4 de julio de 2009

Garcas en la familia (segunda y última parte)

La economía de mi familia siempre dependió de la de mis abuelos. Se podría decir que a pesar de que mi papa trabajaba con mi abuelo, este siempre estaba listo para sacar la billetera y proveer lo que su hija y su "lastimada" familia necesitaran.
Cuando mi mamá se caso por primera vez, el compró la casa y el auto y demás etc. Después de la separación y del tiempo que vivimos con ellos, nuevamente compró otro departamento para que mi mamá y Marcos pudieran recomenzar. Cuando el departamento quedó chico a la llegada de Benjamín, el abuelo siempre dispuesto pagó la diferencia para que tuviéramos mas comodidad en una casa. Así también ocurrió cuando hubo que cambiar el auto, o comprar la casa de fin de semana.
Para cuando mi abuelo murió, y mi papá perdió el empleo en la empresa que una vez había sido de mi abuelo pero ya no lo era, empezaron de verdad los problemas de dinero. Yo ya estaba casada para ese entonces, y veía desde afuera como mi mama no bajaba de su nube y mi papa emprendía negocios sin tener idea, sin la capacidad de administrarlos. No podía ser su propio jefe, fracasaba a repetición y tenia grandes deudas. Embargaban su casa, la vendía entre gallos y medianoche y compraba otra. De la única manera que lograron pasar todos estos años fue gracias a mi abuela, que siguió comprendiendo y financiando sus caprichos. A mí me parecía inconcebible que mi abuela ejecutara todos sus bienes, sus inmuebles, que le aseguraban una situación acomodada de por vida, en pos de no ver lo que mis padres habían hecho con sus vidas.
Ellos por supuesto nunca bajaron el standard de vida. Deudas y negocios turbios de por medio, cambiaron varias casas y hasta se mudaron de ciudad, y luego de provincia. Mi abuela y mi hermano los siguieron. Mi hermano por edad, la abuela se imaginarán porqué.
Cecilia, mi hermana se había casado como yo. Siempre se había destacado por sobre mí por su enorme corazón y su solidaridad, al menos hacia mis padres a los que además de cariños les había extendido algunas sumas de dinero en préstamo. Nunca les cuestionaba nada, no era Federica , que miraba de afuera de reojo y se mantenía a distancia cuidando su familia y su propio patrimonio.
Fue hace un par de años que Ceci y Juan su esposo, al ver a mis padres nuevamente quebrados y realmente preocupados por ellos, les hicieron una propuesta. Pondrían sus ahorros en un negocio de distribución de alimentos. A nombre de ellos, ya que mis papas estaban inhibidos. Mi papá vendería y Juan repartiría la mercadería. Después, y pensando que el negocio iba a funcionar, mis padres repondrían la inversión inicial.
Yo no creí en ese negocio familiar, teniendo en cuenta las malas experiencias en esta familia.
Mis padres alquilaron una casa pero no se conformaron, era una pocilga para lo que ellos acostumbraban. Así que ante el asombro de todos, compraron un terreno en un barrio residencial y comenzaron a construir. Ceci se empezó a preocupar, porque las cuentas del negocio no daban como para levantar esa casa. Mi cuñado pedía paciencia, y mi papá se impacientaba. Usaba el teléfono de la firma para hablar a no se dónde y sus gastos de viáticos eran exorbitantes. Mi hermana me contaba que ellos se privaban de sacar el dinero que les correspondía porque toda la rentabilidad se la llevaban mis padres. Mi papá se ofuscaba ante cualquier reclamo, esgrimiendo que de algo tenia que vivir. Ellos no podían hacer balances o controlar el dinero porque él vendía, cobraba y no les rendia los números. El banco acusaba una deuda increíble, toda a nombre de Ceci y su esposo. Mis padres nunca habían figurado en aquella "sociedad". Otra vez una sociedad de palabra. Nadie se animaba a decirlo con todas las letras, pero mi papá los había estafado. Mi hermana empezaba a entender los porqués de mi distancia, empezaba a pagar el derecho de tener un padre. A cualquier costo, claro.

1 comentario:

  1. Cuando las cosas cuestan, se aprecian y se cuidan...si nunca trabajamos por nada, algunos se creen con derechos..y no ven mas allá que el hoy... luego el presente es decadente y genera mas depresión.
    Tengo familia que de chicos siempre tuvieron de todo, casas, campos, viajes a europa... hoy en día, ya sin la tutoria de los mayores..su vida no es más ni glamorosa ni ordenada...Bueno, ahora-ahora, si...pero tuvieron una época..que ..mamita, manotazo tras manotazo...pero claro, se quedaron solos bastante más jovenes que tu mamá.

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