Durante la primaria, me costó mucho relacionarme con otros chicos. Fui a varios colegios, era buena alumna pero siempre había conflictos. Finalmente fui a parar a un colegio parroquial, de mujeres, aunque ya no de monjas sino laico. A partir de allí fue una gran vuelta de página para mí, una nueva oportunidad de hacer amigas que orgullosamente mantengo hasta el día de hoy.
Durante esta etapa escribí mucho, desde poemitas, hasta largos ensayos y también lógicamente alguna canción para el colegio a las que mis amigas ponían música. Era la sentimental, la Susanita del grupo que soñaba con casarse de blanco y tener una linda familia. Leía mucho, muchísimas novelas rosas, especialmente de Corín Tellado, y mis amigas se mataban de risa..
A partir de los 15, quedaba sin efecto la prohibición de mi papá de tener novio. Y me lo tomé tan en serio que a mi fiesta, para sorpresa de todos, llegó un muchacho que había conocido 3 meses atrás en las vacaciones, con el cual me había carteado hasta entonces. El noviazgo, duro lo que un suspiro, pero fue la prueba de que toda la presión había estado contenida...y nadie imaginaba lo que podía devenir.
Mi vida transcurría entre fiestas de colegio, reuniones juveniles, lectura y escritura casi compulsivas, primeras salidas al boliche y el estudio justo para no dar que hablar en casa. Tuve mucha suerte, mucho levante con los chicos como se decía entonces. Si me gustaba alguien, seguro que en breve ese alguien se volvía posible. Nunca pensé que fuera por belleza, aunque no me sentía fea, sino que creía interiormente que poseía algún raro don, una chispa que hacía que mucha gente se me acercara.
A diferencia de mis amigas, que se ponían a noviar simplemente por diversión, yo me tomé muy en serio esta etapa... demasiado. Hubo una fila de candidatos, relaciones de poco tiempo. Cual si fuera una carrera contra el tiempo, sentía que eran postas que tenía que pasar hasta llegar a conocer al hombre de mi vida. Mis noviecitos debían pasar una dura prueba que por supuesto ignoraban por completo: en todos observaba el proyecto de esposo atento, del papa presente y por supuesto, que no hubiera ningún atisbo de violencia. No quería quedarme con uno solo, como le había pasado a mi mamá, no podía cometer los mismos errores, repetir la historia de mi vida.
Así llegue a la universidad. Con todo un camino recorrido. Empecé la carrera de Letras, que pensaba que me podía permitir seguir escribiendo. Ese era mi segundo proyecto en la vida. El primero, primerísimo, seguía siendo formar una familia con todas la letras, separándome para siempre del destino marcado por el fracaso de mis padres.
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Corín Tellado te demostró que había otras formas en esta vida. Bien por Corín.
ResponderEliminarBien por las metas logradas !!!